lunes, 21 de marzo de 2011

Le cerfs

"Se hace tarde, ya no hay mucho que hacer, tengo que estudiar", era lo que se planteaba siempre a esas horas aproximadas al alba.
Dejando detrás de su espalda nada más que penumbra, la leve brisa forma una caricia deliciosa, pero escalofriante... No hay nadie, nadie está con vos ahora, pero nadie está solo. Acompañada de sombras disfrazadas de cuerpo, de formas, de duendes sin tiempo.
Una identidad oculta, llamada como tu digas, bajo el control de tu mente, se revela para que dudes de ella [para que le temas].

"El área está despejada", ni el más mínimo ratón se anima a moverse. Tú eres ese pequeño ratón.
Asustado, con el gato justo detrás de tí.
Aún quieto, puede pensar. La peor desgracia cuando se presenta así... oculto, solo, misterioso.
En un attaque de panique brotan las piernas, no sabés que, pero algo te dice que no te conviene estar de pie ahí...
El pasillo más acojedor durante el día se puede convertir en el más atormentador durante las horas que te rodean durante la oscura noche.
Un interruptor convoca a tu más leal esbirro, la luz, pero nada te asegura que logrará ganar tu batalla.

Un cuarto vacío donde la tensión se hace mayor. Aquel gran amigo de cables y cristal continuará el camino que tu compañero, no puede seguir... Casi a salvo, te despides de tu verdugo. Te recuestas rezando para que desaparezca de allí... cierras los ojos para que ya nada haya que temer; un susurro leve te obliga que mires, haciendo caso mínimo a ello, divisas a la criatura más frágil y sencilla que te hayas podido imaginar.
Parece concentrado, no me gustaría arruinar una imagen así... Notó que estoy aquí, se voltea hacia mi cuerpo pero no hace nada más...
Su mirada se tranforma en una que detona neutralité... asusta.

0 pavadas:

Publicar un comentario